Surgidas en Iglesias de antigua Cristianidad para sostener la labor de los misioneros en los pueblos no cristianos, las OMP se han convertido en una institución de la Iglesia universal y de cada Iglesia en particular. Según el Concilio, deben ocupar un lugar determinante en la cooperación misionera. Constituyen una única institución que comprende cuatro ramas distintas con un principal y común objetivo de promover el espíritu misionero y universal entre el Pueblo de Dios, el cuál se lleva a cabo informando y concientizando sobre las misiones, promoviendo las vocaciones misioneras y recogiendo y distribuyendo las ayudas a los misioneros, a sus obras y a las jóvenes Iglesias, en las que se intenta favorecer la comunión con las otras Iglesias para el intercambio de bienes y ayudas. Cada una de las cuatro Obras Pontificias tiene su propria identidad y especificidad sea en la finalidad que se propone, sea en los medios e iniciativas con los que la pone en práctica, adaptándolos y renovándolos según las diferentes situaciones eclesiales y socioculturales en las que obra. Es importante además que, aun conservando la propia individualidad, evidencien la unidad de espíritu y de propósito que anima a todas ellas, como Obras del Santo Padre y de los Obispos, en su empeño por educar al Pueblo de Dios en un fecundo espíritu misionero.

Fundada por las Señoras Bigard en Caen (Francia) en el 1889, esta obra se ocupa de la formación del clero local en las Iglesias de misión, con ayudas financieras y espirituales, cuya concesión incluye ahora también a los candidatos a la vida religiosa, masculina y femenina.
Sus principales objetivos son:
Información - Formación: Fue una de las grandes inquietudes de Juana Bigard el crear en las comunidades cristianas una conciencia clara sobre la situación de las Iglesias Jóvenes respecto a las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, no tanto por su escaso número cuanto y sobre todo, por lo que ambas suponen para la vida de las propias Iglesias.
Por esta razón, a la información sobre este tema iba añadida una fuerte dosis sobre la teología del sacerdocio, que, como es lógico, incidía en un crecimiento de la inteligencia y de la estima del ministerio sacerdotal en el ser y hacer de la Iglesia.
Cooperación Espiritual: Siguiendo el talento existencial de la fundadora, la ayuda espiritual ha de ir :
- por el camino del sacrificio: "Mi Dios - decía Juana a un Obispo japonés -me hace pagar caro el honor de ser la madre de sus sacerdotes. Esos queridos seminaristas no sabrán nunca cuánto me cuestan".
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y por el de la oración de agradecimiento: "Con inmensa alegría la Iglesia da gracias al Señor por el don inestimable de la vocación al ministerio sacerdotal que El ha tenido a bien otorgar a tantos jóvenes naturales de los pueblos que recientemente se han convertido a Cristo".
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Y de ferviente súplica al Padre pues las vocaciones no surgen ni maduran sino en un clima propicio: "desde sus mismos orígenes -afirma también el Papa - la Obra de San Pedro Apóstol pidió a sus colaboradores que invocaran diariamente a la Virgen María con el título de "María, Reina de los Apóstoles".
Ambos aspectos quedaron firmemente subrayados por Pío XI al nombrar a Santa Teresa del Niño Jesús como Patrona celestial de la Obra de San Pedro Apóstol. Elección a la que Juan Pablo II, en el documento tantas veces aludido, califica de "intuición muy certera" y que sigue siendo actual pues está troquelada en una apasionada solicitud por llevar el Evangelio a toda la tierra, por una comunión cordial con los trabajos de los misioneros, por un compromiso sacrificado y generoso de solidaridad con los más necesitados y por una plegaria sincera e interpelante.
Cooperación Económica: "No podemos permitir que ni una sola vocación al ministerio sacerdotal se pierda por falta de medios económicos", es la inquietante y angustiosa llamada con que Juan Pablo II se dirige a toda la Iglesia, dando pie a la colaboración económica de todos para que "las vocaciones que nacen de Dios sean solícitamente cultivadas, fortalecidas, formadas". Y, a renglón seguido, dice el Papa algo que debería quedar clavado en el corazón de todos los cristianos, especialmente de los sacerdotes, y que al mismo tiempo, supone un desafío abierto a la generosidad de la Iglesia de hoy: "Numerosos obispos de los países de misión aportan el testimonio de que, en estos mismos días, más de una diócesis podría ver reducidas a nada sus esperanzas de contar con un clero autóctono, si la Obra de San Pedro Apóstol no les brindara ayuda".
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